05.01.2016

publicado en: Daily style, Lifestyle | 0

Aún recuerdo cuando era niña, la emoción que sentía el día de Reyes y que hoy puedo ver en mis primos pequeños.

Esas largas noches con mi hermano y mi tío. Dormíamos en una litera, él era quien alimentaba nuestra ilusión, quien preparaba el kit de supervivencia para poder ir al baño sin encender luces. Recuerdo cómo en mitad de la noche nos despertábamos nerviosos con ganas de hacer pis y como él se levantaba con la linterna para abrir camino, porque claro, ¿y si los Reyes magos estaban ya en el salón poniendo los regalos y nos escuchaban? No nos dejarían nada.

Mi tío siempre ha sido un poco fantasioso, así que se iba a reconocer el terreno para que nosotros pudiéramos ir al baño. Y acto seguido nos asomábamos por la mirilla de la puerta para ver si los regalos estaban ahí o no.

El mejor año fue aquel en el que sorprendentemente y sin explicación, vimos a los Reyes Magos por el pequeño agujero de la puerta, mi hermano y yo dimos un salto y nos tapamos la boca. Salimos corriendo hacia la cama a taparnos hasta la frente para hacernos los dormidos.

Qué recuerdos…

Otro de los momentos que no olvidaré y que a día de hoy sigue haciendo, era cuando mi hermana pequeña venía a mi cuarto corriendo para despertarme porque ya habían llegado los reyes. Miraba el reloj e intentaba distraerla para que mis padres durmiesen más, pero era tan grande la ilusión y emoción que no había manera de tranquilizarla. Iba de habitación en habitación despertando a todos, se subía a las camas y empezaba a saltar como loca – “¡Ya llegaron los Reyes!”

Así que todos nos levantábamos y nos poníamos en la puerta del salón (que mi abuela siempre cerraba) del más pequeño al más grande. Lo primero que veías era el salón lleno de regalos y a mi tío grabando con una videocámara.

Tengo que decir que otra de las que siempre se despierta antes que todos, es mi madre, da igual la edad que tengamos; ella tenía, tiene y tendrá una ilusión inexplicable por este día.

Ahora bien, no todos los recuerdos son de niña, aunque el día de Reyes en familia era algo extraordinario.

Podría decir que la ilusión es algo que no he perdido, ahora somos mayores, pero tengo primos pequeños que siguen alimentando ese niño que todos tenemos dentro. Me piden cuentos la noche de reyes, me contagian los nervios, la ilusión, la magia de despertarse una mañana y encontrarte un millón de regalos en tu zapato.

Es tanto lo que pueden transmitir los niños, que he de reconocerlo, en ocasiones he llorado al ver la magia y el brillo en sus ojos. Es por esto que éste día es tan especial para mí, revivo año tras año los recuerdos de mi niñez.

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¡Feliz día de Reyes!

Por todo, por mucho y por más.

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