QUIÉN SOY

publicado en: Daily style, Lifestyle | 0

Buenas chicas,

Aquí va mi primer post.

Me gustaría ante todo presentarme ya que ninguna sabe nada de mí. Como la propia marca indica, me llamo Sara Briganty ,soy diseñadora y como digo siempre, me rijo por las 3 ies; inventar, innovar e imaginar.

Sé que han leído que vengo de Milán y que estuve trabajando y viviendo allí dos años, pues bien, les contaré la verdadera historia que me llevó a una ciudad tan maravillosa.

Como muchas mujeres me fui por amor.

Sí, por amor.

Lo conocí en las navidades de 2012 en Las Palmas, mi ciudad natal. Después de medio año de noviazgo me dijo, vente.

Por amor se hacen muchas locuras, yo arriesgué.

Así que moví cielo y tierra para conseguir una beca europea y mudarme. Llegué en el verano de 2013, y sí, no entendía nada de nada, no hablaba italiano y jamás había tenido un amigo que lo hablase, así que fueron unos meses duros.

El amor se acabó, pero yo me quedé, ya que me parecía que volver a casa y dejar escapar esta oportunidad era lo peor que podía hacer.

Conseguí mi beca y estuve 2 meses trabajando para una pequeña empresa en el laboratorio, donde creábamos nuevos modelos y realizábamos la producción. Al final les gusté y me contrataron.

Empecé contándoles que me fui por amor, pero allí tuve la grandísima oportunidad de volverme a enamorar. Esta vez no fue un amor pasional, sino un amor incodicional. Me cuidaba, me preguntaba todos los días cómo había ido mi día y me daba sabios consejos como “non fidarti mai di un napolitano“. Se llamaba Crescenza y yo la llamaba “nonna”, que significa abuela. Estuvo conmigo desde mi llegada hasta mi partida. Sin saber italiano y llevando pocos meses en su casa, le dió un infarto y le salvé la vida llamando como pude a emergencias; nunca olvidaré cuando la estabilizaron y me miró a los ojos agradeciéndome que todavía siguiera con nosotros. Tenía un brillo en sus ojos que jamás había visto. Un mes después de volverme murió, cosa que me lleva a confirmar que todo en esta vida ocurre por un motivo. Le alegré los días todo lo que pude, le hice bailar, cantar, tocar palmas y reir como nunca, tanto en el hospital como en casa cuando ella caminaba con el andador.

Tengo que reconocer que fue una época dura, no ganaba mucho, tuve que hacer muchos sacrificios, pero al final valió la pena.

Y aquí me tienen.

Sentada en mi segunda casa, mi estudio de trabajo. En el lugar donde siento que puedo con todo y que nadie podrá conmigo.

Dejar una opinión